
Pero la aplicación de los simuladores va mucho más allá y, como ya he dicho anteriormente, ha traspasado muros educativos, lo que ha permitido autorrealizarse y poner a prueba a los propios alumnos. Así por ejemplo, se ha dado el caso de algún estudiante que ha utilizado un simulador para desarrollar experimentos químicos y ha echado más líquido de la cuenta, lo que ha hecho posible que a la hora de hacer ese experimento en la realidad se evite dicho error. Por tanto los simuladores también nos ofrecen la posibilidad de anticiparnos a situaciones que se podrían dar en la realidad y saber cómo resolverlas o directamente evitarlas.
Vemos que las ventajas que presenta el uso de simuladores en educación son bastante más numerosas frente a las desventajas, y no sólo eso, sino que deberíamos darnos cuenta de los grandes lujos con los que contamos hoy en día.
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